UN ENCUENTRO INESPERADO.

 AQUI UNA NUEVA ENTREGA DE AMANDA, LA EMPERATRIZ Y LA BESTIA.

UN ENCUENTRO INESPERADO.

“La medida del amor es amar sin medida.”

San Agustín


 

Amanda se sintió desfallecer mientras el mundo le daba una y mil vueltas y, casi instantáneamente, unos tímidos brazos la sostuvieron con delicadeza. Su esposo le ofrecía un pañuelo, al mismo tiempo que le susurraba al oído:

_No te preocupes pequeña, yo te apoyare. Parate con orgullo y no les demuestres tu dolor, que este costal de hienas que nos observan quieren disfrutar del espectáculo.

Federico la miro a los ojos y ella creyó ahogarse en lo profundo de su mirada. Quizás su esposo no era el monstruo que ella pensaba y eso, le dio fuerzas para continuar, de modo que, levanto la cabeza y camino por el pasillo orgullosamente junto a su marido, mientras la concurrencia los aplaudía a su paso. En medio de la multitud Maximiliano y Ryon observaban desconcertados. Ninguno de los dos jamás hubiera imaginado semejante situación y sintieron lastima por la muchacha que intentaba marchar con entereza y orgullo, rodeada por una chusma maliciosa, miembros de la Corte ansiosos de desentrañar las verdaderas razones de aquel matrimonio.

 A la salida del templo, una especie de carruaje antiguo guiado por hermosos caballos blancos los aguardaba y así, se alejaron del lugar. Afortunadamente el Emperador odiaba las fiestas, por lo que en cuanto la boda termino, los flamantes esposos emprendieron el viaje con rumbo desconocido. Cuando se hubieron alejado de la multitud alborotada y estaban a las afueras de la ciudad, Federico  se alejo de Amanda a la vez de emitía un profundo suspiro de alivio, como si hubiese estado conteniendo la respiración por mucho tiempo. Evitando mirarla se concentro en la belleza del paisaje y de esa manera, en el más profundo silencio, continuaron camino. La naturaleza parecía haber jugado con los colores porque, si bien veía arboles y flores, sus formas no eran las usuales. Pétalos de algodón, hojas retorcidas como resortes, follajes rojizos, violáceos y troncos rojos o grises. Junto a ellos, convivían especies conocidas como abedules, sauces o algarrobos. Sin dudas, era un extraño y bello lugar pero la nueva Emperatriz estaba muy lejos de casa.

Amanda sentía un puñal clavado en el pecho al escuchar las últimas palabras de su padre, creyéndose entonces propiedad del Emperador, tal como lo era ese coche o los zapatos que vestía, un objeto mas…

_ ¿No vas a decir nada?_ le pregunto Amanda de pronto_ ¿Vas a permanecer  callado después de todo lo que paso? Tu amabilidad acaso se desvaneció o… ¿Estas conforme con tu compra, porque parece ser que no ay devolución?

_ No seas sarcástica porque a mi también todo esto me tomo por sorpresa _agrego furioso_ Un casamiento con alguien que no conozco, una vida que a partir de ahora no deseo, una cantidad de responsabilidades mas agregadas a las miles que ya tengo. ¿Pensas que la vida es injusta, que sos la única que sufre? Permitime decirte que yo no vivo en un lecho de rosas, por más que veas todo este lujo a mi alrededor. Tal vez pensaste que te salvarías casándote conmigo pero no tenes idea  quién soy en verdad ni qué tipo de esqueletos tengo escondido en el armario. Tenes que ser menos egoísta y pensar un poco en los demás porque en el mundo viven muchas personas, cada una con un problema diferente y vos y yo no somos la excepción.

_Ahora resulta que vos sos la víctima. A mí me vendieron como quien lo hace con un mueble o con un libro. Me secuestraron, desperté medio drogada en una habitación desconocida, con personas extrañas, con vestimentas anticuadas, obligándome a casarme con vos a cambio de no lastimar a mi padre, ni siquiera sé si estoy en la Tierra o donde demonios estoy!!!!!_ le grito enfurecida.

Federico comenzó a temblar de ira, su mirada lanzaba puñales hirientes y antes de arrepentirse de sus actos, le ordeno al cochero:
_ ¡Deténgase ya!

Acto seguido, los caballos cesaron su marcha y el guía se apresuro a abrir la puerta del carruaje, pero el Emperador ya se había bajado. Se agacho para sacarse las botas y camino sobre el césped de un lado a otro en un vano intento por calmarse, como si buscase un cable a tierra . Amanda lo observo con cuidado. Era un hombre alto, elegante, de piel morena y unos enormes ojos azules. Su oscura cabellera bailaba en el viento, una rabia estremecedora se palpaba en el aire mientras daba largos pasos a diestra y siniestra. Al verlo en ese estado, Amanda se dijo:
_ Tal vez el esta tan obligado como yo…quizás es un buen hombre que también fue extorsionado. Solo Dios sabe cuáles son los secretos que esconde en su alma, que obligaciones ineludibles lo llevaron a casarse conmigo. ¿Y si amaba a alguien más? ¿Y si solo fue un negocio, una mera transacción comercial? ¡Tiene razón al decir que solo pienso en mi misma pero que más puedo hacer!

La desesperación tomo el mando de sus acciones y presa del pánico repentino, tomo una decisión estúpida. Sin esperar a averiguar nada, se bajo del coche y comenzó a andar hacia un bosque cercano. Se deshizo de sus zapatos y corrió con consternación sin rumbo ni dirección, con el solo propósito de alejarse lo más posible del Emperador. Su vestido se desgarro haciéndose jirones, dejando un rastro blanquecino en los troncos y ramas que impedían su paso. No miro hacia atrás, no debía perder ni un segundo de su valioso tiempo, solo debía huir y regresar a casa, con sus amigos, a su escuela, a su vida cotidiana, aquella que le había parecido tan aburrida y que hoy añoraba. ¿Pero cómo lo lograría? Sintió espinas clavarse en los pies pero ignoro el dolor, las ramas arañaban sus brazos desnudos y el corazón luchaba por salir disparado de su pecho agitado. Entonces lo vio frente a ella, a pocos metros. Era un animal de gigantescas proporciones, un lobo marrón con enormes dientes y ojos color sangre. La bestia no conocía el terreno y parecía estar buscando a alguien mas ¿Acaso era toda una jauría de perros gigantes o quizás se había perdido y solo deseaba regresar a su hogar al igual que ella? Eso no lo averiguaría porque la desesperación se apodero de todo su ser y se paralizo sin poder reaccionar. Estaba a punto de gritar cuando una mano le tapo la boca y la intimo a esconderse tras un árbol. Vio unos ojos azules conocidos obligándola  a permanecer callada mientras aquella bestia observaba a su alrededor. El animal salvaje dio unos pasos, olfateo con desgano y se dirigió hacia su improvisado escondite, una cueva cercana. Un aullido a la distancia capto su atención, abandonando la búsqueda y marchándose a toda prisa.

No podría decir si fue por la adrenalina o por el gran susto que había experimentado, lo cierto fue que Amanda se desmayo y si no hubiese sido por Federico, se hubiese caído al suelo en ese mismo lugar. El Emperador la envolvió con su capa , la llevo en brazos hasta el carruaje mientras su aroma inundaba todo su ser y se pregunto si tal vez existía la remota posibilidad de establecerse definitivamente junto a  aquella mujer. La deposito sobre sus piernas a la vez que dejo que su torso descansara sobre su pecho alterado. La impresión era incomparable, nunca había sentido nada igual y eso no le gusto, porque el siempre necesitaba ser dueño de sus actos, ser racional y frio, para enfrentar cualquier escenario adverso y en esos momentos, estaba perdiendo todo autocontrol. Aquella mujer, su esposa, representaba un peligro insospechado.

 Pudo vislumbrar entre los pliegues de su capa los pies desnudos y heridos, y las curvas de su busto entre los harapos que alguna vez supieron ser un vestido de novia. Su piel blanca y suave, esas pequeñas pecas que salpicaban sus mejillas, el perfume de su piel y el olor  a metal oxidado que emanaba de la sangre de sus lesiones. Necesitaría de todas sus fuerzas para soportarlo, su autocontrol al máximo y su mente despejada y calculadora. Era evidente que el servicio del castillo no podía verla en ese estado sin hacer conjeturas, sobre todo después de lo que se especulaba sobre sus peculiares costumbres,  por lo que le ordeno al chofer que los llevara hasta  su paramo. Los caballos giraron hacia la izquierda en el siguiente cruce y cabalgaron durante unos quince minutos para detenerse en un profundo y oscuro bosque. Federico agradeció que la muchacha estuviese inconsciente de modo que la cargo en sus brazos, hasta que el cochero los pedio en la espesura. Cuando Federico supo que el carruaje estaba lo suficientemente lejos, corrió como un animal salvaje entre los árboles. Parecía volar pues necesitaba alcanzar su destino antes de darle una explicación a su esposa, antes de que ella notara algo extraño en el. Así llego al claro que tanto amaba, su lugar en el mundo, su escondite, aquel sin el cual no hubiera logrado sobrevivir .

Amanda una vez más despertó en una habitación desconocida, con muebles de madera y un aroma a pinos y cipreses, recostada sobre una solida cama de troncos y se sintió en casa. Era un ambiente familiar  que le recordaba  los días de cacería en el bosque junto a su padre, cuando solía ser feliz. Se incorporo lentamente y vio sus pies vendados con gasas blancas. Vestía tan solo su ropa interior y una camisa a cuadros evidentemente masculina, que le quedaba un poco grande cubriéndola por encima de las rodillas. A los pies de la cama la esperaba un par de pantuflas y en la mesa de luz, una bandeja con jugo de naranjas y unas galletas de avena. Presa del hambre tomo una mientras escrudiñaba a su alrededor intentando ordenar sus pensamientos y sobre todo, procurando ordenar los últimos acontecimientos de una manera lógica y racional. Su vida ya nunca sería la misma y ahora, en ese lugar desconocido, vestida con las prendas de Dios supiera quien, recordó la ceremonia , al lobo gigante y a su esposo, si, su esposo. Jamás hubiera imaginado estar casada antes de terminar la escuela secundaria ¿En qué lugar se encontraba y donde estaba el Emperador?

 

Comentarios