AMANDA LA EMPERATRIZ Y LA BESTIA .

 CAPITULO 1.

LA NOVIA

“No creo en el destino. Creo en las señales.”

Elisabet Benavent


 

Desperté confundida en lo que parecía ser una habitación. Una claridad extrema inundaba el ambiente mientras mis sentidos luchaban por regresar a su estado normal. ¿Cómo demonios había terminado allí si hasta hacia unos instantes me encontraba  saliendo de la escuela? ¿Dónde estaban mis compañeros? Me incorpore lentamente y observe a mí alrededor. Era un cuarto muy amplio, prácticamente sin mobiliario: una enorme cama con un cobertor inmaculado, un armario del tamaño de toda una pared, una pequeña mesa redonda y un gigantesco ventanal que mostraba un paisaje totalmente desconocido. Podría decirse que era un jardín, aunque solo reconocía el verde césped, debido a que la vegetación parecía salida de un cuento de ciencia ficción. Me acerque un poco más al cristal para intentar inspeccionar alguna de esas plantas pero me resultaba imposible. En vez de hojas, tenían una especie de plumas de colores y las flores… ¿Acaso se estaban moviendo como si tuviesen vida propia? Si, así era.

_Esto es un sueño, sin lugar a dudas _me dije desconcertada_ Si me pellizco, voy a despertar.

Y así lo hice pero, para mi sorpresa, me dolió y mucho. Entonces me pregunte donde me hallaba, por que ningún alma humana estaba a mi alrededor .Intente acercarme a la puerta pero la cabeza me daba  vueltas y más vueltas mientras intentaba recordar cómo había llegado a semejante situación. Mis cavilaciones se vieron interrumpidas por una mujer, que vestida con una túnica plateada al más puro estilo grecorromano, me ordenaba:

_Tiene solo veinte minutos para vestirse. La boda será en el templo, con toda la ciudad como testigo. Aurora  ya está viniendo para ayudarla. Tomara un baño, se pondrá el vestido que van a traer y esperara en silencio.

Su autoritarismo me pareció inadecuado, por lo que instantáneamente le dije:
_Me parece que usted se equivoca. Voy a salir de aquí ahora mismo y me van a regresar a mi casa. No tengo la menor idea de que casamiento está hablando…ni quién es usted, ni que se supone que debo hacer yo. Así que ya mismo me estoy largando de aquí.

Antes de que pudiera decir “adiós”, dos hombres vestidos con túnicas negras aparecieron junto a la puerta impidiéndome la salida. Eran dos figuras descomunales, con rostros impávidos y miradas heladas, parecían dos luchadores sedientos de sangre y golpes. Definitivamente estaba en problemas, y muy serios. 

_Mi nombre es Carmen y estoy a su servicio_agrego con ironía_ Sin embargo, me parece que usted no entiende lo que está aconteciendo ni la importancia histórica de este suceso. En menos de veinte minutos usted se casara con el señor Emperador, pronunciara sus votos, testificará su lealtad frente a toda la comunidad y asunto resuelto. Después se verá que sucede, por lo pronto urge que se case, de otro modo, su padre pagara sus arrebatos con su vida. Creo que ahora si soy lo suficientemente clara.

_ ¿Dónde se encuentra mi papa?_ quise saber con desesperación mientras unas vividas imágenes se agolpaban en mi mente como si fuesen breves flashes : un viaje en una nave oscura, dos sujetos introduciéndome a un vehículo desconocido, una extraña sensación de antigravedad, unos rostros desdibujados y mi padre diciéndome que me calmara, que todo estaría bien.

_Si usted cumple con lo que le digo, va a verlo muy pronto. De lo contrario…

espero que tenga buena memoria para recordarlo. Veinte minutos, calladita y obediente, es un formalismo y nada más. Usted cumple, nosotros cumplimos y todos felices y contentos. Le recomiendo no hacer ninguna locura porque estos señores se van a quedar custodiando la puerta y es la única entrada y salida. Ya se lo dije, señorita, usted hace lo que se le pide, se mantiene en silencio, dice SI ACEPTO y nada más.

Me dirigió una mirada de odio y envidia, como si anhelase encontrarse en mi lugar, y se marcho. Inmediatamente ingresaron dos muchachas son bolsas y paquetes, una de ellas debía ser Aurora Imagine que podía preguntarles un millón de cosas pero entonces, recordé a mi padre y temiendo por su seguridad, permanecí en  silencio mientras preparaban el baño y me vestían. No dije nada en absoluto, limitándome a bajar la cabeza  aunque un mar de lágrimas escapaba furioso de mis ojos, gotas saladas, pesadas y calientes, llenas de rabia y temor. Nunca fui una mujer débil y sumisa, por lo que aquel acto de obediencia me parecía un ultraje hacia mi persona. A pesar de la frustración, les permití a  las muchachas hacer su trabajo. Después de todo solo estaban cumpliendo órdenes como yo. Mientras tanto un centenar de imágenes y sonidos intentaban en vano colocarse en su sitio, pero mi confusión era tan grande como mi angustia y desconcierto.

En pleno siglo XXI nadie se casaba con un desconocido, resultaba algo totalmente inimaginable. Sin embargo no sabía exactamente donde me encontraba, aunque podía sentir que no era la Tierra que yo conocía. Era otro lugar, uno irreal, con personas de apariencia humana pero con costumbres muy distintas a las nuestras. Ni siquiera las plantas parecían reales y había algo en el aire que no podía describir con exactitud, como si la atmosfera fuese más densa, más pesada. Mis pensamientos se vieron interrumpidos por la imagen frente al espejo que las mismas jóvenes habían traído hasta mi habitación. Era un atuendo muy hermoso, sencillo, pero precioso, con pequeñas piedras brillantes bordadas formando una especie de corset y una larga cola que se arrastraba por el suelo, una especie de túnica griega  que bien podría haber sido diseñada por Gucci o Valenciaga.

 

No muy lejos de allí, un hombre caminaba de derecha a izquierda murmurando barbaridades en un vano intento por calmar sus nervios. El temblor de sus manos y las palpitaciones que saltaban en su cuello le exigían un poco de calma y sosiego. La situación inesperada escapaba de sus manos y las obligaciones pesaban más que sus deseos o aspiraciones. La vida de un gobernante resultaba solitaria pero el aprieto en que lo había colocado su madre rozaba la raya de lo ridículo. Supuso que en otra habitación, una mujer atravesaba por el mismo percance o quizás era una simple arribista ansiosa de poder. Lo averiguaría muy pronto aunque un único pensamiento lo atormentaba ¿Cómo demonios haría para apaciguar sus instintos?

***********************************************************************

¿Con quién me casaría? ¿Quien seria ese Emperador que inspiraba tanto respeto y temor? ¿Cómo sería físicamente? ¿Seria un hombre amable? ¿Sabría de mi situación o estaba tan aturdido como yo? ¿Qué clase de persona se casa con alguien a quien conocerá el mismo día de su boda? Un centenar  de preguntas invadían mi mente oprimiéndome el corazón. No tenía ni una sola respuesta certera, solo incógnitas, dudas y más dudas. Un solo objetivo me mantenía cuerda: encontrar a papa y escapar.

Eso lo averiguaría en unos instantes. Una de  muchachas se acerco y me susurro al oído:

_No tiene por qué temer, señorita. Mi nombre es Aurora y estoy aquí para ser su dama de compañía. Yo misma he visto a su padre y está bien. Lo tratan con corrección, saben que es el padre de la futura Emperatriz y  por ello, debe ser respetado. Nadie jamás se atrevería a dañarlo y escuche decir, que sería devuelto a su lugar de origen luego de que finalizara la boda. No llore, señorita, va a estar todo bien.

Aquella joven era inexplicablemente amable conmigo y no pude sino esbozar una sonrisa forzada y agradecerle con gentileza. Las sonoras campanadas del templo interrumpieron el silencio sepulcral, invitándome a avanzar. La puerta se abrió con lentitud y tome la decisión de mostrarme fuerte y segura. Después de todo sería la Emperatriz de no sabía dónde, pero no podía dar una imagen de debilidad, era demasiado orgullosa para exponerme de manera endeble y vulnerable.

Aurora marcho delante de mí y la otra muchacha permaneció en la habitación para ordenarla. Observe a  mi alrededor, pero solo pude ver a los dos hombres descomunales vestidos de negro custodiándome con mirada impávida e imperturbable, como guardaespaldas presidenciales en medio de un conflicto internacional vigilando a un importante mandatario. Mi destino estaba marcado y me encaminaba a los brazos de un desconocido al que le tenía pavor, aun sin  haberlo tratado. La coerción y la falta de consentimiento para semejante unión presagiaban un futuro poco alentador. La apariencia física no era lo más importante sino que podía ser un hombre violento, un tirano acostumbrado a que siempre se hiciera su voluntad, un ser frio y calculador, una criatura bestial…Así, con esos pensamientos perturbadores en mi mente, continúe avanzando  intentando descubrir el paradero de mi padre y observando cada entrada o salida.

 Nos dirigimos a un patio pleno de plantas y flores extrañas mientras el sol brillaba con fuerza iluminándolo todo con su mágico poder. Me sentí invadida por una energía inédita y hasta pude darme el gusto de sonreír, al recordar a mis amigos en nuestro último picnic, nadando en el rio y disfrutando de un día de calor. Evidentemente, ninguno de ellos se encontraría aquí porque me hallaba a miles de kilómetros de casa.

Jamás el Emperador de Faryas hubiera imaginado estar frente al altar esperando la llegada de la novia. Los presentes lo observaban clavándole los ojos como dagas, y el luchaba por conservar la compostura apretando los puños mientras controlaba la respiración con evidente esfuerzo. Su madre esbozaba una sonrisa triunfal como si hubiese concretado el mejor negocio de su vida. A su lado, un hombre de aspecto desalineado y barato, reía satisfecho de una manera cómplice y maliciosa. ¿Qué se traían esos dos entre manos?

*********************************************************************

Finalmente ingresamos a lo que sin lugar a dudas, era un templo. Se parecía a la Iglesia de Lujan, con sus altas torres y sus adornos cargados al más puro estilo barroco. Sorprendida, vi centenares de personas observándome, rostros sin nombre que me comían con la vista, escudriñándome, intentando saber algo de mí, murmurando y criticando sin el menor disimulo. Después de todo, si iba a ser la Emperatriz, no me vería perturbada ni incomoda. Levante la cabeza, enderecé los hombros, y simplemente mire al frente donde una especie de sacerdote aguardaba en silencio junto a mi padre. Se veía bien, sereno, y eso me lleno de paz y tranquilidad. Lo habían tratado correctamente, no se notaba herido ni perturbado, podría decirse que hasta parecía satisfecho. De espaldas se encontraba un hombre vestido de azul, alto, con una larga y oscura melena, ese debía ser el Emperador. Me acerque a paso firme y vi en los ojos de mi padre, una extraña mirada, como si aceptara con agrado esta unión y eso me descoloco un poco. Ciertamente sabía que algún día llegaría a casarme pero jamás hubiera imaginado semejantes circunstancias. Al terminar la caminata, todos los presentes tomaron asiento y una mano cálida sostuvo la mía. Entonces conocí al Emperador, un hombre de piel morena, cabello negro como la noche, con los ojos mas azules que jamás hubiera contemplado y una sonrisa encantadora.

_Espero no haberte decepcionado _murmuro a mi oído_ Puedo decir que sos muy hermosa.

Con esas simples palabras todas mis barreras se desmoronaron. No era la bestia que tanto temía, sino que era un joven muy bello, alguien a quien creía conocer  y una sensación de bienestar y tranquilidad me aquieto. No pronuncie palabra y me limite a sonreír con timidez. La única salida se hallaba a mis espaldas y acceder a mi padre resultaba una tarea infranqueable. No escuche las palabras del sacerdote, ni siquiera preste atención a su nombre, solo reconocí la parte del SI ACEPTO tanto mío como suyo. Me beso la mano con gracia y de pronto, todo cambio para siempre. Mi padre estrecho la mano de una mujer que me miraba con aceptación y malicia, se dio la vuelta y camino con total libertad hacia mí. Evidentemente había existido un complot en mi contra y yo no me había dado cuenta de ello. Sencillamente  mi papa me dio un beso en la mejilla y agrego:

_Fue la mejor venta de mi vida.

Me di cuenta entonces que la bestia que tanto temía no era el hombre que se encontraba a mi lado, sino que era mi propio padre. Había sido objeto de una venta degradante y ofensiva, entregada a una persona desconocida, en un lugar remoto que no lograba identificar, rodeada de una muchedumbre chismosa, ansiosa de verme desfallecer pero no les daría el gusto. Después de todo, a partir de esa unión acordada, yo era la nueva Emperatriz de Faryas.

AUTORA: LAURA CORRAL 

Encontrame en Wattpad.

 

Comentarios

Publicar un comentario