UNA BRUJA SE ENAMORADA
ESTE ES EL PRIMER CAPITULO DE UNA HISTORIA QUE ESPERO CONTINUAR ALGUN DIA. ME GUSTARIA QUE LA LEYESEN Y ME DIERAN SU OPINIO. SE LO AGRADECERIA MUCHISIMO. ESPERO QUE LES AGRADE TANTO COMO A MI.
CAPITULO 1
ROBERTA
Mi nombre es Roberta y estoy cursando el último año de la escuela secundaria. Vivo en un pueblo tranquilo en el que todos se conocen. No hay cines ni teatros, solo una biblioteca pública y un club deportivo. El centro tiene unas pocas cuadras con negocios pequeños, un único Banco y una sala de primeros auxilios.
No soy una de las chicas populares. En realidad, nadie nota mi presencia excepto para criticarme. Soy la nerd, la rarita, la callada, la nieta de los Ruiz, la anormal, la bruja.A mis diecisiete años ya aprendí a aceptar esos calificativos, y otros de mal gusto que no me atrevo a mencionar. Las personas suelen ser crueles con las palabras, como si a ellos no les importara la opinión de los otros. Pero en verdad duele, y mucho. Mis abuelos tienen la reputación de hacer hechizos y cuanta cosa mala suceda en el pueblo, se les atribuye a ellos.
“La casa se incendio porque los Ruiz no quieren a don Pedro”.
“La sequia de este año debe ser un maleficio de los Ruiz”.
“La tormenta que destruyo las cosechas debe ser cosa de los brujos”
Y así podría mencionar decenas de comentarios idiotas .Manga de ignorantes que desconocen el cambio climático o que no saben que don Pedro tiene por costumbre prender velas a los santos. Se ve que el pobre debe haberse quedado dormido, la vela se cayó y ¡zas! Todo empezó a arder. La cosa es que me resulta más práctico no interactuar con los demás porque si me vieran enojada podrían asustarse. “A la escuela se va a aprender”, decía mi mama, “no a hacer amigos” pero yo deseaba con todo el corazón tener un amigo, con uno solo me conformaba. Las chicas populares me miraban con desprecio, como si tuviera una peste, pero me pedían las tareas o ayuda en las evaluaciones, y yo jamás podía decir que no.
Lo cierto es que aquel lunes, mi vida dio un giro dramático cuando la puerta del salón se abrió y todos se dieron vuelta para ver al chico nuevo. Era alto, muy alto, con cabello indomable y ojos de un verde profundo. Usaba la chaqueta al estilo James Dean, y bien podría haber sido el protagonista de Rebelde sin causa .Fue una sorpresa para todos ya que nadie sabía de su presencia. Se detuvo unos instantes, observo a todos en silencio mientras el señor Rodríguez, el profesor de Matemática, lo invitaba a pasar.
_Usted debe ser el señor Figueroa, el alumno nuevo _dijo el profe, un hombre bajito y simpático.
_ Y usted, el señor Rodríguez_ afirmo con seguridad.
_Así es. Pase y busque un lugar.
El chico avanzo mientras Dolores y Luisana se arreglaban el cabello y esperaban que se sentara a su lado. Se acomodaban la blusa, hacían lugar sobre la mesa acomodando los libros y útiles mientras lo observaban como perros hambrientos. Mi asiento de acompañante estaba vacío y ni me preocupe porque se sentara junto a mí, porque usualmente nadie lo hacía. Pero camino hacia mí a la vez que esbozaba una tímida sonrisa.
“No puede ser, aquí, no. ¿Qué le podría decir? ¿Cómo va a reaccionar? Si me dice algo malintencionado me voy a decepcionar. Es demasiado lindo para ser como los demás. Tierra tragame” Esos eran mis pensamientos cuando se detuvo frente a mí, mientras Dolores y Luisana largaban flechas de fuego por los ojos queriendo incinerarme.
Se dejo caer en la silla, arrojo la mochila al suelo y con su magnética voz murmuro:
_ Soy Simón, un gusto. ¿Y vos quien sos?
Intente decir algo pero las palabras se amontonaron en mi boca y no pudieron salir, por más que pelearon por hacerlo. ¿Es que acaso era idiota? ¿Qué poder tenía ese chico sobre mí para quitarme la voz y perturbar mis pensamientos?
_Es la rara_ anuncio a toda voz Dolores.
_Es la muda_ proclamo a todo el salón Alfredo_ Ni te preocupes por entablar un dialogo con ella. Es una pérdida de tiempo.
_¡La bruja!!_ grito Anselmo, y todos comenzaron a reír y burlarse.
Sentí un fuego es escalar desde los pies hasta las mejillas, fundiéndome en la más absoluta vergüenza pero el, para mi asombro y el de todos, se acerco y murmuro:
_No les hagas caso, linda. Hay imbéciles por todas partes_ y con esas palabras me hizo sonreír y cambio mi día.
_ Bueno, señores_ dijo el señor Rodríguez levantando la voz _ Ya que están de buen humor, podrían sacar una hoja y hacer una evaluación.
El salón quedo en completo silencio. Alfredo intento hacer cambiar de opinión al profe, que a regañadientes permuto el examen por tareas para casa. A Simón nada parecía importarle, se coloco un auricular en la oreja, busco música en su celular y se dispuso a copiar del pizarrón.
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